Charla con el dramaturgo Luis Matilla y los actores de la compañía A Flote Teatro

Por Eva Llergo

El pasado 12 de noviembre alumnos de los Grados de Educación Infantil y Primaria de tres universidades españolas (Universidad Antonio de Nebrija, Universidad Camilo José Cela y Universidad Complutense de Madrid) se reunieron en los Teatros Luchana para una experiencia poco habitual en los planes de estudio universitarios: la reunión (y unión) de futuros profesionales de la educación con los responsables de un montaje escénico de una obra de teatro destinado a público infantil. Así pues, los alumnos universitarios pudieron disfrutar del montaje de El árbol de Julia, del reputado dramaturgo Luis Matilla, y después conversar con los actores de la compañía A Flote Teatro (Fernando Solís, Íñigo Lascoiti, Almudena Puyo, Jaione Azkona, María Simón, Fanny Condado) y el propio dramaturgo. El pequeño espectador publica unos extractos de las opiniones compartidas que son, una vez más, testimonio vivo del valioso resultado que puede obtenerse de las sinergias entre la Educación y el Teatro. Esperamos que lo disfrutéis.

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EVA LLERGO. Me gustaría que nos contarais cómo comenzó este interés por estas obras de dramaturgos que escriben específicamente para público infantil y juvenil. En especial, por esta, El árbol de Julia, que, a pesar de haber sido escrita en 1999 y publicada en Anaya en 2003, no había sido puesta en escena por una compañía teatral profesional en España.

LUIS MATILLA. En seis países de Latinoamérica sí, pero no en España.

FERNANDO SOLÍS. La verdad es que no ha sido algo premeditado tipo: “vamos a coger a esta línea de trabajo y vamos a hacer este tipo de montajes, con este tipo de autores”. Ha sido algo que ha ido viniendo. Cuando fundamos la compañía nos preguntamos “¿qué texto hacemos?” y estuvimos leyendo mucho. Mi madre es maestra y me pasó muchos textos. Este era uno de ellos; ella trabaja mucho con él en clase. Lo leí yo primero y después se lo pasé a Íñigo (Lascoiti) y lo tuvimos bastante claro: “esto hay que hacerlo”. Y entonces fuimos a conocer a Luis (Matilla) y nos dijo: “Pero, sabéis que hay que montar un árbol, ¿no?”. Y a partir de ahí surge toda esa línea de trabajar con textos de autores consolidados que escriben específicamente para público infantil. Enseguida vimos que había muchísimo que hacer porque en teatro infantil este tipo de autores no están muy presentes. No sabemos por qué. Luis, no sé si tú tienes una respuesta.

LUIS MATILLA. Yo creo que la cuestión se centra en la valoración de la educación y del arte en nuestro país. Cuando sales fuera te encuentras que hay centros dramáticos para la infancia y la juventud, que hay críticos capaces de afrontar críticas inteligentes que permiten que gente sensible se interese por estos montajes. Aquí no hay un reconocimiento de la sociedad por un trabajo como el que están haciendo ellos, A Flote Teatro; que realmente es un grandísimo esfuerzo de seis actores para que mañana esto pueda influir en hacer ciudadanos críticos selectivos y creativos. Ese contexto cultural, que en este momento aquí no existe, a mí siempre me da mucha envidia porque digo ¡qué pena que este trabajo se dé siempre contra el muro de la incomprensión! Cuando es una gran revolución, porque cuando trabajamos para niños, además de crear una sensibilidad en ellos, estamos trabajando para el nuevo público de mañana. Lo que ocurre es que en España a partir de los 12 años los chicos ya no van al teatro, porque solo van cuando les llevan las familias y, la mayoría, no tiene el concepto de que el teatro es una forma de cultura como lo puede ser un concierto o el cine. Hay que convencerles desde pequeños de que la literatura dramática sirve para ser más críticos, más lúcidos, para luchar contra los contravalores que transmiten los medios audiovisuales.

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IGNACIO CEBALLOS. ¿Es diferente actuar ante niños que ante adultos? ¿La formación tiene que ser diferente en los actores? Y, otro asunto que surgió viendo el tráiler de El árbol de Julia durante las clases con mis alumnos, fue: “si yo soy maestro y quiero que mis alumnos vean teatro, ¿qué hago?”. No sé si hacéis campaña escolar, los colegios tienen que venir aquí al teatro o vais vosotros a los centros…

ÍÑIGO LASCOITI. Sí que hemos hecho algo de campaña escolar, pero para ello te tienes que partir la cara con todos los programadores y con la gente que organiza en el centro, porque la mayoría de los centros ya tienen los pactos cerrados. Siempre llevan a los mismos teatros. Todo el teatro es digno de ser visto pero nosotros afrontamos este reto porque nos gusta hacer un teatro más reivindicativo, con más mensaje, como es el teatro de Luis Matilla. Hay muchos colegios que prefieren llevar a ver una versión de Cenicienta o una obra más edulcorada. Poco a poco te van conociendo, pero es algo lento y cuesta.

FERNANDO SOLÍS. Yo creo que el tema del teatro escolar es un mercado. Aunque hablemos de arte y aunque hablemos de teatro, vender una obra es como vender cualquier producto y el mercado está cerrado. Hay un mercado que existe ya y al final eso se retroalimenta. El mercado ofrece cosas y los colegios lo consumen y como el colegio lo consume el mercado lo sigue ofreciendo. Entonces la mayoría de la oferta escolar que nos vamos a encontrar es Lope de Rueda, los entremeses de Cervantes, adaptaciones del Lazarillo de Tormes, la adaptación de la adaptación de la adaptación de La vida es sueño y eso es lo que se vende. Lo venden como literatura universal. Soy crítico porque hay que serlo; porque detrás de eso hay un mercado, no interés verdadero por hacer teatro. Y, sin embargo, no dejan espacio para autores como, por ejemplo, Luis Matilla, y una serie de autores que están trabajando ahora y que seguro que tienen mucho más que contar a los niños de hoy que la adaptación de la adaptación de la adaptación de La vida es sueño.

ÍÑIGO LASCOITI. Da la sensación de que se ha dejado de hacer literatura, que se ha dejado de hacer arte desde hace siglos. Y, sin embargo, hay cosas muy loables y muy dignas que son de aquí y de ahora.

LUIS MATILLA. En esta cuestión es muy importante los intermediarios. Vosotros, como profesores, estáis como intermediarios entre vuestros alumnos y el teatro. Mucha gente lleva a los alumnos al teatro para hacer un ejercicio de literatura. Lleva los alumnos y los sienta en el patio de butacas para que tomen apuntes o recuerdan el nombre de los personajes. Lo esencial es crear una comunidad entre el espectador que ha ido al teatro, los intermediarios culturales (los maestros) y los actores y los autores. Además, en el caso concreto del teatro para niños, nos encontramos con que en el mundo de las artes escénicas a menudo se considera como un subproducto. En el extranjero no, porque tienen la consciencia de estar formando con él a los futuros ciudadanos del país. Vosotros habéis traído a vuestros alumnos al teatro, es decir, les habéis dicho “lo que estamos viendo en clase venís a verlo aquí en carne viva”, porque es aquí, en escena, donde se da la maravilla de este arte. Un arte en directo en la que están reunidos todos los elementos artísticos. Aquí se puede ver música, plástica, mimo, danza… El teatro es de las artes más importantes y habría que transmitírselo a los alumnos desde que empiezan en Infantil. Ahora tenemos la suerte de que exista el teatro para bebés donde lo importante son las sensaciones, los sonidos, la percepción sensible. Se enseña al niño a ver la magia especial que hay en este hecho. Pero no solamente hay que hacer esto desde la escuela sino también con los padres; enseñarles que el teatro es una cosa diferente a la televisión. Sin embargo, en esto estamos bastante menos avanzados que otros países de Europa; por ejemplo, no existe un teatro municipal para la infancia como sí hay en otros países. Esto se lo pondría mucho más fácil a los profesores a la hora de llevar a sus alumnos al teatro. Es decir, batallamos en contra de muchas cosas. Pero hay que seguir. Es un pionerismo, vamos a cambiar hoy las cosas para que mañana sean de otra forma.

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ÍÑIGO LASCOITI. Retomando tu pregunta de antes sobre si era distinto trabajar para niños que para adultos yo creo que es igual. Nosotros cuando representamos para niños les tratamos como adultos, no infantilizamos la actuación.

JAIONE AZKONA. Nosotros tratamos a los niños como seres inteligentes que son porque muchas veces hemos visto en otras obras que se les trata como si fueran tontos.

ÍÑIGO LASCOITI. De hecho en la obra Julia lo dice: “Los niños lo han entendido, son más inteligentes que los adultos.”

MARÍA SIMÓN. De todas formas, los niños como espectadores tienen algo especial y es que si se aburren tú lo vas a notar. Si en un momento la historia no les importa, se distraen y lo notas; y eso es real y tienes que jugar con eso. A veces es muy satisfactorio y otras veces… Es muy estimulante trabajar con niños porque es contacto real y respuesta real.

LUIS MATILLA. Los niños entienden perfectamente la convención teatral. Por eso mucho del teatro que se está haciendo ahora es completamente plano, en el sentido en que se está tomando los chavales como si no fueran capaces de comprender. Al mismo tiempo están perfectamente capacitados para hacer teatro pero quizás no teatro al uso sino más vinculado a una noción de juego dramático. ¿Por qué en un colegio solo va a haber que hacer una representación por Navidades? Lo importante es que esos niños tengan la práctica teatral a lo largo de todo el curso. En ese sentido han desaparecido optativas que nos enseñaban a jugar con la vida, nos invitaban a la creación con elementos artísticos. Eso ya no se está enseñando en la escuela. Muchos profesores dedican su tiempo libre para poder hacer un trabajo con los chavales en este sentido en vez de enseñarlo dentro del currículum. En Francia existe una figura que se llama el partenariado: cuando en un colegio quieren montar una obra de teatro el Ministerio manda un actor o un director. Es un apoyo entre el Ministerio de Cultura y el de Educación para que cuando un profesor quiere montar una obra reciba una formación específica. También un actor así recibe formación educativa. Así se imbrica la educación y la cultura para formar ciudadanos más inteligentes y más sensibles.

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BEGOÑA REGUEIRO. No sé si conocéis el trabajo que está haciendo La Joven Compañía y qué os parece esa labor de continuidad entre el teatro infantil y el adolescente.

FERNANDO SOLÍS. Sí, lo conocemos. El problema es que si el teatro infantil es un subproducto el teatro adolescente es casi inexistente. Es algo que se empieza a vislumbrar ahora. Desconozco el motivo concreto de su ausencia en las programaciones pero intuyo que tiene que ser algo relativo a que no vende. La Joven Compañía y Ventrículo/veloz están consiguiendo moverse por institutos por centros culturales y moviendo mucho público adolescente. Pero son una excepción. Incluso en lo relativo en la escritura de textos nos ha costado encontrar una editorial que se dedicara a eso específicamente; solo hemos encontrado una línea editorial mexicana.

LUIS MATILLA. Ahora hay un editorial en Cádiz que se llama Dalya que ha sacado un premio de teatro para adolescentes. De ahí pueden salir cosas muy interesantes.

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