Las niñas del parque

Por Coral Gil

No sé si es el despertador el que con sus gritos nos anuncia que otro día de caos vital nos espera, o es el agua de la ducha el que diluye lo poco que queda de nuestros sueños una vez que nos despojamos del pijama. Lo cierto es que son muchos los días en que nos ponemos el vestido del letargo infinito y las gafas de no ver y nos lanzamos a recorrer la esfera del reloj, perdidos entre dos ideas antagónicas, una es que las horas pasen pronto para poder abandonar el puesto de trabajo y marcharnos a hacer lo que realmente nos gusta y la otra es que pasen despacio para ver si realmente nos da tiempo a hacer algo de eso que realmente nos gusta y que pocas veces conseguimos hacer, excepto cuando nos volvemos a poner el pijama y de nuevo caemos en ese querer que los minutos pasen pronto para caer lo antes posible en brazos de Morfeo y querer que pasen despacio para que nos dé tiempo a soñar lo más posible antes de que el despertador… ya sabéis.

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