Jean Pierre el pirata de Factoría Urogallo

Por Eva Llergo

Jean Pierre el pirata es, como todos los pirata, muy malo, pero que muy malo… ¡el más malo de los 7 mares! Aunque su maldad sea paródica y casi toda pose, un día se le va de las manos y tira por la borda al último marinero que le quedaba en su barco, el tritón escarlata. A partir de ese momento, la soledad hace aflorar los remordimientos y se plantea la disyuntiva que va a configurar el argumento de la obra, ¿vale la pena ser malo?

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El chico de las zapatillas rojas de Ados Teatroa

Por Marta Larragueta

La obra arranca con una escena que trae bonitos recuerdos a los adultos sentados en las butacas: tres niños jugando en la calle, esperando a que les llamen desde la ventana para subir a cenar, tan tranquilos; tras saltos, brincos y carreras, los niños aparcan su universo de fantasía y se marchan a casa. La acción se centra entonces en el salón del querubín que pronto se convierte en protagonista: su madre acaba de llegar a casa, derrengada, y se quita los zapatos para ponerse cómoda. Mientras los padres charlan, el pequeño se calza los tacones rojos y se lanza a zapatear por todo el escenario, con una gracia y un sentido del ritmo que nos confiesa que no es la primera vez que lo hace.

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Solitudes de Kulunka Teatro

Por Eva Llergo

Después de desechar varios comienzos, opto por empezar mi crítica aludiendo al tremendo reto que supone enjuiciar la creación de Kulunka Teatro. ¿Por qué? Porque, ironías de la vida, su obra de máscaras sin palabras, nos ha dejado, pues eso, sin palabras. No hay comienzo a la altura de esta magnífica creación (Premio Ojo Crítico  RNE 2017) que lo dice todo, sin decirnos ni una palabra. En donde vemos, más aún, sentimos, palpamos, la ternura implícita en la desidia de la rutina, los defectos de la buena voluntad, y sobre todo los matices de la soledad.

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