Papel de Ventrículo veloz

Por Fernando Solís

En estos últimos años hemos podido experimentar un enorme cambio en lo que a teatro dirigido al público adolescente se refiere. Todavía puedo recordar cuando las campañas escolares consistían en versionar clásicos del siglo de oro, entendiendo que esta era la oferta que más se ajustaba a las necesidades pedagógicas de los institutos. ¿Cuántas veces hemos visto adaptado El Lazarillo o los entremeses de Cervantes para el público Joven? Sin embargo, por el motivo que fuera o fuese, este formato no terminó de atrapar y enganchar a un público hiperestimulado por las nuevas tecnologías y sobreinformado con las redes sociales. Escapando a la lógica de todo profesional del teatro (nótese la ironía) las andanzas de nuestro Lazarillo, con esa picaresca tan nuestra, no terminaban de convencer al púber espectador cuyas hormonas y circunstancias le dirigían la atención a otros aspectos de la vida.

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Playoff de La Joven Compañía

Por Eva Llergo

“Un periodista me preguntó si Playoff era una obra reivindicativa. Esa no fue nunca mi intención a la hora de escribir la obra, pero, desgraciadamente, me he dado cuenta de que solo el hecho de poner a siete mujeres en escena es ya una reivindicación”

Marta Buchaca, “Notas de la autora”. Playoff, Ediciones Antígona, Madrid, 2018, p. 9.

Lo cierto es que, efectivamente, el principal reclamo externo de Playoff es el de poner a siete mujeres en escena y, además, futbolistas. ¿Es una provocación o un derecho? Nos parece que las dos cosas, que es lo que, al fin y al cabo, implica el término “reivindicación” al que se refería el periodista. Sin quererlo, a una se le sube la ceja en un gesto aprobatorio al mismo tiempo que se genera en su interior todo un torbellino de intriga por saber qué contará esta historia y cómo lo contará, mientras piensa: “Ya era hora de que a La casa de Bernarda Alba le surgiera alguna competencia”.  Desde luego, no es la única obra con el elenco enteramente femenino, pero sí ha sido un referente durante décadas que va necesitando que surjan otros ejemplos para transformar lo insólito en algo natural.  Sigue leyendo

1984 de Paradoja Teatro

Por María Jara y Teatreros*

“Hasta que no tomen conciencia no se rebelarán, y sin rebelarse no podrán tomar conciencia.”

Si algún género parece estar ligado a la adolescencia, al duro desengaño respecto al mundo de las adultos y al descubrimiento de las fisuras del orden social, este género es -sin lugar a duda- el de la ciencia ficción distópica. Da cuenta de ello el éxito entre el público juvenil, a pesar de no ser productos específicos para esta franja de edad, de series en las que la fantasía futura nos permite mostrar los horrores presentes (Black Mirror, The Walking Dead, Los Cien…). Dentro de este género, la novela de George Orwell, 1984, representa, como pocas, el despertar: aquella alienación, aquella soledad, aquella injusticia social son demasiado parecidas a las nuestras, a las que les suceden a los mayores, las que acechan a la vuelta de los años.

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The Opera Locos de Yllana

Por Marta Larragueta y  Lidia Teixeiro

La voz en off con la que comienza la función, advirtiéndonos de que en este espectáculo el reparto canta en directo, deja de ser redundante cuando aparecen los actores y la música inunda el escenario. Es difícil escuchar ópera fuera de los grandes palacios y macroproducciones, por eso no sorprende que quieran aplacar nuestra incredulidad cuando comienzan a interpretar algunas de las arias y fragmentos de música clásica más conocidas por el público. Sigue leyendo

El desván de los hermanos Grimm de Escenoteca

Por Jesús Eguía Armenteros

Como evidenció Kant, los condicionantes del conocer humano son el espacio y el tiempo y estos, por tanto, determinan nuestro concepto del mundo. De ahí que el teatro sea espacio y tiempo en conflicto. El Desván de los hermanos Grimm es un ejemplo perfecto de laboratorio sobre qué clase de espacio y tiempo deben operar en un teatro destinado a un público infantil —y no tan infantil—. Solía insistir el emblemático crítico Medina Vicario en que los hallazgos o errores de una función suelen estar causados por la comprensión o incomprensión del género o géneros dramáticos con los que se trabaja. La directora, dramaturgista y actriz Pepa Muriel se ha arriesgado en la frontera entre el cuentacuentos, el arte del contador de historias, y el teatro, el arte de la acción dramática y la transformación, en un juego de ser lo no se es para significar otra cosa.

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El curioso incidente del perro a medianoche de Grupo Marquina, Acción Sur y La Joven Compañía

Por Eva Llergo

curioso libro– ¿No te suena? El curioso incidente del perro a medianoche es una novela que el británico Marck Haddon publicó en 2003 y que enseguida cosechó varios premios, entre ellos el de “Mejor primer libro para jóvenes lectores”. Sí, mujer, ese libro publicado por la editorial Salamandra con un coche rojo en la portada y la silueta de un perro  ensangrentado dibujada bajo las ruedas. Seguro que la has tenido que ver en alguna librería. ¿A que ahora sí sabes del que te hablo? Pues esa novela fue llevada al teatro por obra y gracia de Simon Stephen y estrenada en 2012 en el Royal Theatre de Londres. Ahora ha llegado a Madrid. Se estrena la adaptación del texto por José Luis Collados, dirigido por José Luis Arellano en el Teatro Marquina y…

–  Pero, para, para. ¿No has dicho que era una novela? ¿una novela en el teatro?

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En la fundación de La Joven Compañía

 

Por Eva Llergo

Conozco a fondo a Antonio Buero Vallejo, autor de La Fundación estrenada en 1974, la obra original que Irma Correa ha adaptado para La Joven Compañía. Por supuesto, había leído este texto en concreto, hace años, y sabía desde el principio lo que Tomás, el protagonista, no sabe y se va desvelando poco a poco dándole sentido al verdadero mensaje de la obra. Ese “efecto de inmersión” tan típico de las obras de Buero, que hace que el espectador vaya descubriendo el conflicto de la obra, su situación misma, al mismo ritmo que un personaje es uno de los grandes logros de este texto y de la obra del dramaturgo en general. Pues bien, para mí el efecto de inmersión estaba roto. Sabía desde el principio qué era exactamente la fundación, conocía la razón del aparente sinsentido en las reacciones de los compañeros de Tomás y, obviamente también,el desenlace. Y, sin embargo, eso no evitó que presenciando En la Fundación  pasara toda la obra agarrada al asiento con la misma intensidad y emoción que si estuviera en una montaña rusa.

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